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Inmaculada Concepción

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

 

PATRONA DE LA INFANTERIA ESPAÑOLA
 

          Por aquellos tiempos en que se extendía el culto a la Inmaculada, guerreaban nuestras tropas en Flandes y en los Países Bajos, regidas por Alejandro Farnesio, Duque de Parma.

          Rendida Amberes, puso el nieto de Carlos V al frente del Ejército a su segundo Carlos, Conde de Mansfield, el que se reunió en Tornante con el Tercio español del Maestre de Campo D. Francisco de Bobadilla, después Conde de Puñoenrostro.

          El 22 de noviembre con los Tercios españoles de Bobadilla, de D. Agustín Iñiguez y del Coronel Mondragón con 61 Banderas y la Compañía a caballo de Arcabuceros españoles del Capitán D. Juan García de Toledo, se dirigió a la isla de Bommel, entre los brazos de los ríos Mosa y  Waal. Dejando aquel río y dejando esta columna en la isla al mando de Bobadilla, se fue a Narpen con el Tercio de Águila a estorbar con un dique fortificado el socorro de Grave por el río.

          Los protestantes holandeses al mando del Conde Holak, remontando el Mosa inundado, pusieron sitio a la isla de Bommel cortando dos diques, inundando el terreno, impidiendo Bobadilla previsoramente que pudieran cortar otro entre Driel y Rossum, que de lograrlo hubiese arrasado, con las aguas desbordadas, la isla que valientemente defendían.

          Puso en crítica situación a aquellos que desde las alturas se defendían de los buques holandeses.

          El 3 de diciembre, l00 navíos enemigos acabaron de incomunicar a Bommel.

          El jefe enemigo propone entonces una rendición honrosa. La respuesta de Bobadilla es inmediata: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. Entonces aconteció un hecho que alentó mucho a nuestros soldados. Estando uno de ellos cavando en el dique con objeto de guardarse del frío, del viento y de los proyectiles, halló una imagen de la Purísima Concepción pintada en la talla con hermosos colores.

          La aparición milagrosa de la Virgen, alentó extraordinariamente a los peones españoles, como a los habitantes de Bois-le-Duc, que cooperaban con fe a la defensa.

          El Maestre de Bobadilla, considerando el hecho como señal cierta de protección divina, arengó así a sus soldados:

          “ Soldados, el hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos. ¿ Queréis que se quemen la banderas, que se inutilice la artillería, y que abordemos esta noche las galeras enemigas?“

          La respuesta unánime de aquellos sufridos españoles fue: “¡ Si queremos!”

          Cuando el enemigo se preparaba a dar el asalto  definitivo y los defensores a vender cara sus vidas, amaneció el memorable 8 de diciembre de 1585.

          El Conde cañoneaba los buques holandeses, el Maestre de Campo Bobadilla con artillería y arcabuceros, trataba de ganar las isletas por sorpresa, pero el incendio de un frasco de pólvora, malogró el golpe, huyendo los enemigos a refugiarse en sus buques.

          Un temporal se desencadenaba al venir el día y a medida que este avanzaba, una fuerte helada congelaba las aguas del Mosa y Holak temeroso de que sus navíos encallasen en el hielo, se retiró entre las descargas de los defensores y sus auxiliares, quedando libres aquellos bravos del Tercio Departamental de Holanda, después Regimiento de Zamora 8, a los que gritaban los holandeses desde la borda de sus barcos, al abandonar el sitio, en lengua castellana: “ Sin duda, Dios era español pues había obrado tan gran milagro.”

         La imagen de la Virgen la transportaron entre sus banderas a través de las heladas aguas del Mosa y colocándola en un templo de la Villa, se consagraron todos los supervivientes por esclavos de María, fundando “La Cofradía de Soldados de la Virgen Concebida sin  Mancha”, adoptándola por Patrona de Tercio famoso, y de aquí el origen del Patronato de toda la Infantería Española.
 
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